jueves, 13 de noviembre de 2008


Uno de los aspectos que tiene el desierto es que uno no puede hablar con nadie. Puede que uno esté trabajando con ovejas, pero sería absurdo entablar un diálogo con ellas, claro que uno le puede hablar, pero ellas no te entenderán. Una de las cosas que también se sufre en el desierto es la austeridad, la incomprensión, el aislamiento. En esa etapa me encuentro en estos días, y se perfectamente lo bueno y provechoso que es esto auque no me agrade.

                                                                                              

Para alguien que ha pedido repetidas veces al Señor el poder estar consagrado a Él totalmente, esta situación es la respuesta. Encontrarse con gente que no te hace una broma o no se ríe aunque le hagas el mejor chiste, es encontrarse en un desierto donde no hay bellas flores que te envuelven con sus fragancias, ni mariposas que te sonríen mientras vuelan a tu alrededor, sino que lo único que ves es arena que te seca y raspa hasta el alma, y montañas resecas con formas hostiles por la erosión misma de allí, algo que coincide plenamente con los rasgos y facciones de esta gente. 

Austeridad es algo de gusto amargo, pero supongo que debe ser como el mate amargo, algo que tomamos los argentinos, y es una infusión que al principio no gusta, pero cuando uno le agarró el gusto, es decir, que le encontró el sabor tan particular, entonces, no quiere dejar de beberlo y se le hace costumbre. Uno puede ver mucha gente con su mate amargo a la mañana y a la tarde, otros, como yo, a cada rato mateando.

Austeridad es una cualidad que deberíamos poseer los siervos de Dios para que nuestras palabras tengan valor ante la gente.

Adquirir austeridad es adquirir la postura y cualidades de un soldado, quien habiendo sido entrenado en una disciplina tan rigurosa, termina manifestando un carácter muy especial y típico de quien está en las fuerzas armadas. 

 

Humanamente, el desierto es inaguantable, de echo, la gente se muere, nuestros cuerpos no pueden soportar tan altas temperaturas durante el día y el intenso frío por la noche. Solo los israelitas pudieron resistirlo porque fueron guardados por Dios de manera sobrenatural. Pero cuando eres desterrado a un desierto, te mueres de inanición.

 

En el desierto muere tu humanidad, solo en el desierto se hace literal la proposición mencionada por Juan el bautista, cuando dijo: Es necesario que yo mengüe, y que Él crezca. Solo en el desierto llegamos a ser transformados de lo terrenal a lo celestial. Para que haya vida nueva, primero tiene que haber muerte.

Muchas veces hemos escuchado palabras de ánimo a soñar y concretar nuestros sueños, y aquí viene Dios a hacer que mueran tus sueños, hemos escuchado palabras alentándonos a luchar y nunca desmayar hasta conseguir lo anhelado, y aquí viene Dios a pedirte que desistas y descanses. Hemos escuchado que uno tiene que ir, que uno tiene que hablar, pero aquí viene Dios y te paraliza, viene Dios y te enmudece.

 

Como puede ser que Dios haga todo esto?! Parece una contradicción!

Pero esto tiene sentido cuando observamos que nosotros somos como el barro en sus manos, dice el Señor, y el barro no puede ser usado por el alfarero si primero no se lo ablanda a martillazos y se lo limpia de terrones duros, ramas, hojas, vidrios, metales, etc.

Para que Dios pueda moldearnos conforme a la imagen de su Hijo, primero nos somete duros golpes que quiebran y eliminan todo aquello que no sirve en nosotros para que luego, sin resistencia, nos dejemos moldear por Él conforme Él haya planeado mejor hacerlo.


Tags: INCOMPRENSIÓN, DISCIPLINA, CARÁCTER ESPECIAL, SUEÑOS.

Publicado por alba2009 @ 22:31
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